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Dando malas noticias

A mucha gente le sonará raro que se hable de dar malas noticias en Cirugía Plástica. Ello se debe a que se confunden la Cirugía Plástica (rama troncal de la especialidad) con una de sus facetas, la Cirugía Estética. Es cierto que no es habitual tener que dar malas noticias médicas en Cirugía Estética (aunque hay excepciones).

Sin embargo, en Cirugía Plástica Reconstructiva nos vemos con frecuencia afrontados a situaciones en las que hay que comunicar malas noticias al paciente y a sus familiares. Las patologías que trata la Cirugía Plástica van desde las quemaduras, las malformaciones congénitas, las secuelas traumáticas y los tumores a condiciones mucho más “amables” y del ámbito de la Cirugía Estética, como son las desviaciones del canon estético o los efectos del envejecimiento.

Las tumoraciones –fundamentalmente las cutáneas- son el pan nuestro de cada día en Cirugía Plástica Reconstructiva y un porcentaje de ellas corresponden a cánceres de piel. La forma de comunicar estos diagnósticos a nuestros pacientes debe ser empática y graduada, pero también siempre clara. Es imprescindible calibrar el grado de información que el paciente desea obtener y suministrársela gradualmente, en un lenguaje comprensible. En aquellos escasos casos en que la curación sea imposible, debemos procurar aportar los medios para paliar y suavizar los efectos de la enfermedad. Y en cualquier caso, se debe consolar.

Muchos de nuestros pacientes padecen enfermedades que no van a suponer un riesgo para su vida, pero que sí pueden implicar una cirugía que deje secuelas permanentes. La alteración de su aspecto físico y del impacto que ello produzca en la autoimagen corporal del paciente son una genuina y comprensible fuente de preocupación. Esta información también debe darse con claridad pero con delicadeza. Evitar expectativas falsas es parte de la educación que deberá recibir el paciente en la consulta.

Finalmente, un grupo de pacientes que van a recibir malas noticias, y que podría parecer una banalidad, son aquellos que solicitan un procedimiento estético y a quienes éste se les deniega por no estar indicado. Siempre me ha sorprendido que precisamente estos pacientes sean los que más decepcionados salen de la consulta. Me esfuerzo en hacerles entender que toda cirugía debe estar correctamente indicada y que cuando no lo está, abrimos la puerta a un mal resultado, cuando no a un sinnúmero de complicaciones. Les insisto en que yo vivo de ésto, y que rehusar un tratamiento va en contra de mis propios intereses económicos. Sin embargo, no veo justificado proponer un tratamiento –y muy en especial una cirugía- a un paciente cuando yo no tengo una razonable expectativa de conseguir una mejoría objetiva. Por eso, también a estos pacientes se les deben explicar con palabras sencillas los motivos por los que no está indicada una cirugía en su caso. Por raro que parezca, se suele tardar más en estas situaciones que en explicarle a un paciente que tiene una lesión maligna y que deberá someterse a una cirugía potencialmente mutilante y posibles tratamientos posteriores.

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